Pic-Nic, Fernando Arrabal

El signo formativo no es en absoluto sinónimo de sermón, ni siquiera de lección magistral; de hecho, soy de la opinión que el humor y la sátira poseen un potencial educativo tremendo. ¿Qué mejor modo de tratar lo irracional de un hábito aún arraigado entre nosotros como es la guerra que servirse de un lenguaje, personajes, situaciones y, en general, pátina de absurdo? Tal postura adoptó el, por qué no decirlo, extravagante Fernando Arrabal (1932) cuando presentó su tantas veces puesta en escena Pic-Nic.

Mediante el inicio de la obra en cuestión, que a continuación recojo, no pretendo sino incitar a contactar con esta amena, divertida y reflexiva obra teatral sobre la deshumanización de un sistema que se sirve de ilusos e inconscientes maniquíes para sus propios fines, mientras todos aplaudimos.

Pic-Nic

silueta

La batalla hace furor. Se oyen tiros, bombazos, ráfagas de ametralladora. ZAPO, solo en escena, está acurrucado entre los sacos. Tiene mucho miedo. Cesa el combate. Silencio, ZAPO saca de una cesta de tela una madeja de lana y unas agujas. Se pone a hacer un jersey que ya tiene bastante avanzado. Suena el timbre del teléfono de campaña que ZAPO tiene a su lado.

ZAPO.–Diga… Diga… A sus órdenes mi capitán… En efecto, soy el centinela de la cota 47… Sin novedad, mi capitán… Perdone, mi capitán, ¿cuándo empieza otra vez la batalla?… Y las bombas, ¿cuándo las tiro?… ¿Pero, por fin, hacia dónde las tiro, hacia atrás o hacia adelante?… No se ponga usted así conmigo. No lo digo para molestarle… Capitán, me encuentro muy solo. ¿No podría enviarme un compañero?… Aunque sea la cabra… (El capitán le riñe.) A sus órdenes… A sus órdenes, mi capitán. (ZAPO cuelga el teléfono. Refunfuña.)

Silencio. Entra en escena el matrimonio TEPÁN con cestas, como si
viniera a pasar un día de campo. Se dirigen a su hijo, ZAPO, que, de
espaldas y escondido entre los sacos, no ve lo que pasa.

SR. TEPÁN.–(Ceremoniosamente.) Hijo, levántate y besa en la frente a tu madre. (ZAPO, aliviado y sorprendido, se levanta y besa en la frente a su madre con mucho respeto. Quiere hablar. Su padre lo interrumpe.) Y ahora, bésame a mí. (Lo besa en la frente.)

ZAPO.–Pero papaítos, ¿cómo os habéis atrevido a venir aquí con lo peligroso que es? Iros inmediatamente.

SR. TEPÁN.–¿Acaso quieres dar a tu padre una lección de guerras y peligros? Esto para mí es un pasatiempo. Cuántas veces, sin ir más lejos, me he bajado del Metro en marcha.

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Acerca de framosagudo

Docente y discente interesado en la investigación y didáctica de la lengua y la literatura. Más en: http://www.linkedin.com/pub/francisco-ramos-agudo/6b/192/b63
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