Clamores, Rosa Montero

Si bien también autora de novelas, Rosa Montero (1951) destaca por su ya amplia trayectoria como articulista en El País, donde siempre ha tratado de hacer patente su labor de compromiso con la sociedad actual desde un punto de vista irónico y agudo, desde una prosa certera sin excesivo recargamiento. Para ejemplificar este modo de escribir sobre las urgencias de la sociedad que verdaderamente importan, para algunos afín al de Rosa Regàs, hoy os tenemos un breve texto que no robará más de cinco minutos de este sábado, uno de febrero, con que comienza el segundo mes de vida de este espacio de lectura.

Clamores

Pues yo hoy tenía preparado un artículo muy elaborado y algo sarcástico sobre el disparate de los recortes a los profesores, pero resulta que ayer una lectora, Cristina, me contó una de esas historias modestas y urgentes que son como un chillido. Y ese chillido se abrió paso y exigió su lugar, y ha entrado en este espacio por derecho propio y sin florituras estilísticas.

Esta es, pues, la historia pura y dura: Liliana, colombiana, vive en Madrid. La hospitalizaron el miércoles por una cesárea de urgencia a causa de una complicación llamada preclampsia. Madre y niño están en cuidados intensivos, y Liliana tuvo que volver a ser operada el sábado. En la UCI, Liliana puede escuchar a través de un cristal las palabras de quienes la telefonean, pero ella no puede hablar. La madre de Liliana vive en Medellín y aún no ha podido ni siquiera escuchar la voz de su hija. La madre de Liliana viajó desde Medellín a Bogotá a pedir en la Embajada de España el visado para venir a Madrid, pero se lo han denegado porque no tiene suficiente dinero para demostrar que su estancia es “por vacaciones”. Y añade Cristina, mi lectora: “A lo mejor piensan que esta mujer va a venir a España a delinquir, cuando en vista del actual panorama político me parece que ya queda poco por robar aquí”.

Me pregunto, en fin, si la ciega burocracia que defiende como perro cancerbero nuestros privilegios podría dejar de ser tan ciega. En casos así, ¿no resultaría muy fácil comprobar que, en efecto, Liliana se encuentra ingresada y gravísima, que el bebé solo pesa 1,6 kilos y también ha estado a punto de morir, que ambos siguen en la UCI? ¿Y no sería entonces una injusticia clamorosa, un escándalo imbécil, negar a esa mujer su evidente derecho a venir a verlos? (Por cierto: hoy están torturando al pobre toro Afligido en Tordesillas: otra injusticia atroz y clamorosa).

Publicado en El País, el 13 de septiembre de 2011

 

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Acerca de framosagudo

Docente y discente interesado en la investigación y didáctica de la lengua y la literatura. Más en: http://www.linkedin.com/pub/francisco-ramos-agudo/6b/192/b63
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