El monólogo del asesino, Umar Timol

En un afán por ampliar los horizontes de un canon eminentemente canónico y europeísta, hoy presento al maurinato Umar Timol (1970). Si bien reconozco que le he conocido merced a unos aforismos para un apresurado hombre, como es en estas fechas el autor de estas líneas, opto por presentar un fragmento de un monólogo literario encarnado por uno de esos tantos paratópicos personajes que, si bien no tan polémico como aquel que “solo” veja a sus víctimas,  muestra tanta recursividad en todas las épocas de la literatura universal: esto es, el asesino.

El monólogo del asesino (fragmento)

Evidentemente, no me crees. No puedes dejar de reír. Me dices que no soy serio. Tal vez te haya tratado como un idiota, pero, ¿he pedido tu opinión? ¿Te he preguntado algo?

¿Sé yo lo que dicen de mí? Por supuesto. Soy un pobre anciano que jamás hizo nada en su vida y que persevera en esa actitud. Soy un perdedor, desde hace cuarenta años languidezco en un piso de dos habitaciones, tengo un rostro que asustaría incluso a un vampiro, tengo un vientre lleno de aire caliente. Nunca me casé, no tengo descendencia y trato de tomarme la vida con calma mientras los demás se angustian.

¿Qué piensas? ¿Crees que un imbécil no puede ser un asesino a sueldo? Estoy diciendo tonterías. Me veo a mí mismo como un perdedor, un hombre sin principios, sin moral, un asesino.

¿Debería darte la razón? Bueno, quizás no estés totalmente equivocado. De hecho, tengo la reputación de ser uno de los mejores. Con los años mis habilidades se han perfeccionado. Incluso podría decirse que soy un maestro. No un gran maestro, pero sí alguien que sabe lo que se trae entre manos, con experiencia, alguien en quien poder confiar. El secreto de mi éxito, si puede decirse así, es que no soy codicioso o sádico. Mi precio es más que razonable y me limito a matar. No soy como esos subnormales que disfrutan torturando a la víctima antes de acabar con ellos. Ya que es de mi incumbencia digamos que yo golpeo de una manera diferente, metódica, precisa y limpia. Podría decirse incluso que amorosa. Trabajo en el silencio de la noche, con serenidad. Si no es eso amor, ¿qué lo es? Él o ella mueren en medio del sueño, sin tiempo material para hacer pregunta alguna o lamentarse, pensando en su amante o en la inutilidad de sus ruinosas vidas. Intervengo como la mano del Divino Hacedor y los envío a la paz eterna.

¿Qué me llevó a este negocio? Oye, parece que te estás empezando a poner nervioso. ¿Te sonrojas? No lo esperabas, ¿verdad? Al ver a este viejo, pensaste que podrías hacer algo de tarea social, lo cual nunca hace daño. ¿Y qué has descubierto? Dime lo que has descubierto. No puedo oírte. Más alto. Estás descubriendo que tengo cara de gilipollas, pero que mi corazón es de piedra. Así que ya ves que las apariencias pueden ser engañosas. Rasca la superficie y quizás veas cómo el monstruo emerge ante ti como una droga.

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Acerca de framosagudo

Docente y discente interesado en la investigación y didáctica de la lengua y la literatura. Más en: http://www.linkedin.com/pub/francisco-ramos-agudo/6b/192/b63
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