Vivir para siempre, Anónimo

Ya lo decía Enrique Bunbury: para siempre me parece mucho tiempo. No obstante, es este un pensamiento que ha pululado por tantísimas cabezas a lo largo de la historia, de tendencias literarias o no, que quien mejor puede expresar el agrio resultado que lleva aparejado la realización de semejante deseo es “el escritor” de mayor producción de la historia de la literatura: el archiconocido (y, sin embargo, de tan múltiples rostros)  Anónimo. Os dejamos con un breve relato de un autor que, con toda seguridad, volverá a mostrar su camaleónico estilo en este blog.

anonimo

Vivir para siempre

Una dama comía y bebía alegremente y tenía cuanto puede anhelar el corazón, y deseó vivir para siempre. En los primeros cien años todo fue bien, pero después empezó a encogerse y a arrugarse, hasta que no pudo andar, ni estar de pie, ni comer, ni beber. Pero tampoco podía morir. Al principio la alimentaban como si fuera una niñita, pero llegó a ser tan diminuta que la metieron en una botella de vidrio y la colgaron en una iglesia. Todavía está allí, en la iglesia de Santa María. Es del tamaño de una rata y una vez al año se mueve.

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Acerca de framosagudo

Docente y discente interesado en la investigación y didáctica de la lengua y la literatura. Más en: http://www.linkedin.com/pub/francisco-ramos-agudo/6b/192/b63
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