La comedia nueva o El café, Leandro Fenández de Moratín

Tras Lope, decíamos ayer, el teatro tomó un nuevo rumbo. ¿Definitivo? Por supuesto que no. Si este apostaba por ‘hablar en necio al vulgo para darle gusto’, sería dos siglos después cuando Leandro Fernández de Moratín (1760-1828) respondiera, desde su normativismo didáctico, a tan burdo planteamiento, a juicio de este último. Esta respuesta vino no en forma de ensayo, sino de propia obra teatral: y es que La comedia nueva / El café pone en escena las normas neoclásicas promulgadas por Moratín en tanto que se opone fuertemente al barroquismo reclamado por Lope. Sobre este contraste, para el cual señalamos una serie de fragmentos, el lector interesado puede leer más en este artículo.

La comedia nueva o el café

[…]

A C T O I

ESCENA PRIMERA

D. ANTONIO, PIPÍ

 

(D. Antonio sentado junto a una mesa; Pipí paseándose.)

D. ANTONIO: Parece que se hunde el techo, Pipí.

PIPÍ: ¿Señor?

D. ANTONIO: ¿Qué gente hay arriba, que anda tal estrépito? ¿Son locos?

PIPÍ: No, señor; poetas.

D. ANTONIO: ¿Cómo poetas?

PIPÍ: Sí, señor, ¡así lo fuera yo! ¡No es cosa! Y han tenido una gran comida. Burdeos, pajarete, marrasquino, ¡uh!

D ANTONIO: ¿Y con qué motivo se hace esa francachela?

PIPÍ: Yo no sé pero supongo que será en celebridad de la comedia nueva que se representa esta tarde, escrita por uno de ellos.

D. ANTONIO: ¿Conque han hecho una comida? ¡Haya picarillos!

PIPÍ: ¿Pues qué, no lo sabía usted?

D. ANTONIO: No, por cierto.

PIPÍ: Pues ahí está el anuncio en el diario.

D. ANTONIO: En efecto, aquí está. (Leyendo el diario que está sobre la mesa.) COMEDIA NUEVA, INTITULADA: EL GRAN CERCO DE VIENA. ¡No es cosa! Del sitio de una ciudad hacen una comedia. Si son el diantre. ¡Ay, amigo Pipí, cuánto más vale ser mozo de café que poeta ridículo!

PIPÍ: Pues, mire usted, la verdad, yo me alegrara de saber hacer, así, alguna cosa…

D. ANTONIO: ¿Cómo?

PIPÍ: Así de versos… ¡Me gustan tanto los versos!

D. ANTONIO: ¡Oh! los buenos versos son muy estimables; pero hoy día son tan pocos los que saben hacerlos; tan pocos, tan pocos.

PIPÍ: No, pues los de arriba bien se conoce que son del arte. ¡Válgame Dios, cuántos han echado por aquella boca! Hasta las mujeres.

D. ANTONIO: ¡Oiga! ¿También las señoras decían coplillas?

PIPí: ¡Vaya! Allí hay una Doña Agustina, que es mujer del autor de la comediaŠ ¡Qué! si usted vieraŠ Unas décimas componía de repente… No es así la otra, que en toda la mesa no ha hecho más que retozar con aquel D. Hermógenes, y tirarle miguitas de pan al peluquín.

D. ANTONIO: ¿D. Hermógenes está arriba? ¡Gran pedantón!

PIPÍ: Pues con ése se ha estado jugando, y cuando la decían: Mariquita, una copla, vaya una copla, se hacía la vergonzosa; y por más que la estuvieron azuzando a ver si rompía, nada. Empezó una décima y no la pudo acabar, porque decía que no encontraba el consonante; pero Doña Agustina, su cuñadaŠ ¡Oh! aquélla, sí. Mire usted lo que es… Ya se ve, en teniendo vena.

D. ANTONIO: Seguramente. ¿Y quién es ése que cantaba poco ha, y daba aquellos gritos tan descompasados?

PIPÍ: ¡Oh! ése es D. Serapio.

D. ANTONIO: ¿Pero qué es? ¿Qué ocupación tiene?

PIPÍ: Él es… Mire usted. A él le llaman Don Serapio.

D. ANTONIO: ¡Ah! sí. Ese es aquel bullebulle que hace gestos a las cómicas, y las tira dulces a la silla cuando pasan, y va todos los días a saber quién dió cuchillada; y desde que se levanta hasta que se acuesta no cesa de hablar de la temporada de verano, la chupa del sobresaliente, y las partes de por medio.

PIPÍ: Ese mismo. ¡Oh! ése es de los apasionados finos. Aquí se viene todas las mañanas a desayunar, y arma unas disputas con los peluqueros que es un gusto oírle. Luego se va allá abajo, al barrio de Jesús. Se juntan cuatro amigos, hablan de comedias, altercan, ríen, fuman en los portales. D. Serapio los introduce aquí y acullá hasta que da la una, se despiden, y él se va a comer con el apuntador.

D. ANTONIO: ¿Y ese D. Serapio es amigo del autor de la comedia?

PIPÍ: ¡Toma! Son uña y carne. Y él ha compuesto el casamiento de Doña Mariquita, la hermana del poeta, con D. Hermógenes.

D. ANTONIO: Qué me dices? ¿D. Hermógenes se casa?

PIPÍ: ¡Vaya si se casa! Como que parece que la boda no se ha hecho ya, porque el novio no tiene un cuarto, ni el poeta tampoco; pero le ha dicho que con el dinero que le den por esta comedia, y lo que ganará en la impresión, les pondrá la casa y pagará las deudas de D. Hermógenes, que parece que son bastantes.

D. ANTONIO: Sí serán. ¡Cáspita si serán! Pero, y si la comedia apesta, y por consecuencia ni se la pagan ni se vende, ¿qué harán entonces?

PIPÍ: Entonces, ¿qué sé yo? Pero, ¡qué! No, señor. Si dice D. Serapio que comedia mejor no se ha visto en tablas.

D. ANTONIO: ¡Ah! pues si D. Serapio lo dice, no hay que temer. Es dinero contante, sin remedio. Figúrate tú, si D. Serapio y el apuntador sabrán muy bien dónde les aprieta el zapato, y cuál comedia es buena, y cuál deja de serlo.

PIPÍ: Eso digo yo; pero a veces… Mire usted, no hay paciencia. Ayer, ¡qué! les hubiera dado con una tranca. Vinieron ahí tres o cuatro a beber ponch, y empezaron a hablar, hablar de comedias, ¡vaya! Yo no me puedo acordar de lo que decían. Para ellos no había nada bueno: ni autores, ni cómicos, ni vestidos, ni música, ni teatro. ¿Qué sé yo cuánto dijeron aquellos malditos? Y dale con el arte, el arte, la moral y… Deje usted, las. . . ¿Si me acordaré? Las. . . ¡Válgate Dios! ¿Cómo decían? Las… Ias reglas… ¿Qué son las reglas?

D. ANTONIO: Hombre, difícil es explicártelo. Reglas son unas cosas que usan allá los extranjeros, particularmente los franceses.

PlPí: Pues, ya decía yo: esto no es cosa de mi tierra.

D. ANTONIO: Sí tal, aquí también se gastan, y algunos han escrito comedias con reglas; bien que no llegarán a media docena (por mucho que se estire la cuenta) las que se han compuesto.

PIPí: Pues, ya se ve; mire usted, ¡reglas! No faltaba más. ¿A que no tiene reglas la comedia de hoy?

D. ANTONIO: ¡Oh! eso yo te lo fío: bien puedes apostar ciento contra uno a que no las tiene.

PIPÍ: Y las demás que van saliendo cada día tampoco las tendrán; ¿no es verdad usted?

D. ANTONIO: Tampoco. ¿Para qué? No faltaba otra cosa sino que para hacer una comedia se gastaran reglas. No, señor.

PIPÍ Bien; me alegro. Dios quiera que pegue la de hoy, y luego verá usted cuántas escribe el bueno de D. Eleuterio. Porque, lo que él dice, si yo me pudiera ajustar con los cómicos a jornal, entoncesŠ ¡Ya se ve! mire usted si con un buen situado, podía él…

D. ANTONIO: Cierto. (Aparte. ¡Qué simplicidad!)

PIPÍ: Entonces escribiría. ¡Qué! todos los meses sacaría dos o tres comedias… Como es tan hábil.

D. ANTONIO: ¿Conque es muy hábil, eh?

PIPÍ: ¡Toma! poquito le quiere el segundo barba; y si en él consistiera, ya se hubieran echado las cuatro o cinco comedias que tiene escritas; pero no han querido los otros, y ya se ve, como ellos lo pagan. En diciendo, no nos ha gustado, o así, andar ¡ qué diantres ! Y luego, como ellos saben lo que es bueno, y en fin, mire usted si ellos… ¿No es verdad?

D. ANTONIO: Pues ya.

PIPÍ: Pero, deje usted, que aunque es la primera que le representan, me parece a mí que ha de dar golpe.

D. ANTONIO: ¿Conque es la primera?

PIPÍ: La primera. Si es mozo todavía. Yo me acuerdo… Habrá cuatro o cinco años que estaba de escribiente ahí en esa lotería de la esquina, y le iba muy ricamente; pero como después se hizo paje, y el amo se le murió a lo mejor, y él se había casado de secreto con la doncella, y tenía ya dos criaturas, y después le han nacido otras dos o tres; viéndose él así, sin oficio ni beneficio, ni pariente ni habiente, ha cogido y se ha hecho poeta.

D ANTONIO: Y ha hecho muy bien.

PIPÍ: Pues, ya se ve; lo que él dice, si me sopla la musa, puedo ganar un pedazo de pan para mantener aquellos angelitos, y así ir trampeando hasta que Dios quiera abrir camino.

[…]

ESCENA IV

[…]

D. PEDRO: A ese caballero le ha parecido muy mal; pero es hombre de buen humor, y gusta de divertirse. A mí me lastima en verdad la suerte de estos escritores que entontecen al vulgo con obras tan desatinadas y monstruosas, dictadas, más que por el ingenio, por la necesidad o la presunción. Yo no conozco al autor de esa comedia, ni sé quién es; pero si ustedes, como parece, son amigos suyos, díganle en caridad que se deje de escribir tales desvaríos; que aún está a tiempo, puesto que es la primera obra que publica; que no le engañe el mal ejemplo de los que deliran a destajo; que siga otra carrera en que, por medio de un trabajo honesto, podrá socorrer sus necesidades y asistir a su familia, si la tiene. Díganle ustedes que el teatro español tiene de sobra autorcillos chanflones que le abastezcan de mamarrachos; que lo que necesita es una reforma fundamental en todas sus partes; y que mientras ésta no se verifique, los buenos ingenios que tiene la nación, o no harán nada, o harán lo que únicamente baste para manifestar que saben escribir con acierto, y que no quieren escribir.

D. HERMOGENES: Bien dice Séneca en su Epístola diez y ocho que…

D. PEDRO: Séneca dice en todas sus Epístolas que usted es un pedantón ridículo a quien yo no puedo aguantar. Adiós, señores.

ESCENA V

D. ANTONIO, D. ELEUTERIO, D. HERMOGENES, PIPÍ

D. HERMÓGENES: Yo pedantón! (Encarándose hacia la puerta por donde se fue D. Pedro. D. Eleuterio se pasea inquieto.) ¡Yo, que he compuesto siete prolusiones grecolatinas sobre los puntos más delicados del derecho!

D. ELEUTERIO: ¡Lo que él entenderá de comedias cuando dice que la conclusión del segundo acto es mala!

D. HERMÓGENES: Él será el pedantón.

D. ELEUTERIO: ¡Hablar así de una pieza que ha de durar lo menos quince días! Y si empieza a llover…

D. HERMÓGENES Yo estoy graduado en leyes, y soy opositor a cátedras, y soy académico, y no he querido ser dómine de Pioz.

D. ANTONIO: Nadie pone duda en el mérito de usted, señor D. Hermógenes, nadie; pero esto ya se acabó, y no es cosa de acalorarse.

D. ELEUTERIO: Pues la comedia ha de gustar, mal que le pese.

D. ANTONIO: Sí, señor, gustará. Voy a ver si le alcanzo y, velis nolis, he de hacer que la vea para castigarle.

D. ELEUTERIO: Buen pensamiento; sí, vaya usted.

D. ANTONIO: En mi vida he visto locos más locos.

[…]

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Acerca de framosagudo

Docente y discente interesado en la investigación y didáctica de la lengua y la literatura. Más en: http://www.linkedin.com/pub/francisco-ramos-agudo/6b/192/b63
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