El libro, Ángel González Quesada

¿Y qué es un libro? ¿Y tú me lo preguntas? Un libro es todo lo que el salmantino Ángel González Quesada escribiera el pasado 18 de abril (día de la muerte de García Márquez) para promocionar la Feria Municipal del Libro en su ciudad… y mucho más. ¿Y tú, eres bibliófilo?

El libro

Lleva el viajero al fondo de su bolsa un objeto que le va dando forma hora a hora a su espalda, enterneciendo el roce de sus pasos, penduleando a su son y adaptándose tibio a la piel mientras silenciosamente urge pausas y miradas. La fugaz atención de quien mira al que pasa no se atreve a imaginar, tal vez no sabe, que la forma –es un libro– que el viajero transporta en su equipaje, es el limpio cristal con que mira de frente lo que sólo de frente, y a su hechizo, convierte el que camina en su paisaje. Por el libro que lleva, depredador de sombra y de inocencia, leído y recordado al tiempo en lugares que quizá no estén en los mapas, ha fundado el que vive y camina su devenir y evoca ahora lo vivido en idéntica esfera de conciencia que lo imaginado, lo soñado, lo sentido, lo deseado, lo imposible y lo cierto: la arena suspendida en el aire por prodigiosa sintaxis, es una tarde con Buzzati; la caligráfica sombra cambiante del abedul, es el recodo tras el que Macbeth aguarda el quejido o la bruja; las letras que dicen del calor y que nombran al Sol y a la Tierra, y a la Distancia, son voluntad de Sthendal en la voz de Fabrizio; el hermosísimo hexámetro de la tarde, o el ocaso muriendo en esperanza, no es más capaz de nostalgia a los ojos que miran que el manto de frío que no han sido capaces de ocultar la pasión de Peribáñez ni los ojos ardientes de Casilda; la luna y las fogatas son con toda certeza el adiós azulado que ha querido Pavese; la escritura es el abrigo y es el hipérbaton del vengativo dios de Fernanda del Carpio y es, tiene que ser, lo que la luz de Macondo le debe a las auroras; el cansancio del corazón igual hiere que en Comala y es agua negra de Barataria la que añora la sed del que camina que, en su sueño leve respira, como el aleve De Pas, la noche de Vetusta. Todo lo porta el hombre que camina y que mira, todo en el libro que marca aristas a su espalda porque resuelve luces, avanza direcciones, construye paisajes, define retiros y dibuja laberintos.

Anuncios

Acerca de framosagudo

Docente y discente interesado en la investigación y didáctica de la lengua y la literatura. Más en: http://www.linkedin.com/pub/francisco-ramos-agudo/6b/192/b63
Esta entrada fue publicada en Píldoras reflexivas, Siglo XXI. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s