La copa negra, César Vallejo

En un día en el que las conversaciones no exceden los límites de cierta copa y ciertas urnas, queremos recordar aquel cáliz que César Vallejo quisiera apartar de sí y, al mismo tiempo, tanto necesitara. Pieza recogida entre las 69 que constituyen Los heraldos negros (1918), la obra que sentó las bases del lenguaje único del peruano, este poema explora la imposibilidad de unión con la amada desde unos postulados impuros, carnales, bestialmente humanos.

La copa negra

La noche es una copa de mal. Un silbo agudo
del guardia la atraviesa, cual vibrante alfiler.
Oye, tú, mujerzuela, ¿cómo, si ya te fuiste,
la onda aún es negra y me hace aún arder?
La Tierra tiene bordes de féretro en la sombra.
Oye, tú, mujerzuela, no vayas a volver.
A carne nada, nada
en la copa de sombra que me hace aún doler;
mi carne nada en ella,
como en un pantanoso corazón de mujer.
Ascua astral… He sentido
secos roces de arcilla
sobre mi loto diáfano caer.
Ah, mujer! Por ti existe
la carne hecha de instinto. Ah mujer!
Por eso ¡oh, negro cáliz! aun cuando ya te fuiste,
me ahogo con el polvo;
y piafan en mis carnes más ganas de beber!

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Acerca de framosagudo

Docente y discente interesado en la investigación y didáctica de la lengua y la literatura. Más en: http://www.linkedin.com/pub/francisco-ramos-agudo/6b/192/b63
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