Philobiblion, Richard de Bury

Una vez de vuelta de las I Jornadas de Investigación Literaria, me gustaría dedicar una entrada a la obra que inspira el nombre de la asociación organizadora de las mismas: Philobiblion. Este Muy hermoso tratado sobre el amor a los libros es la obra por excelencia que el escritor medieval Richard de Bury (1287-1345) legara para la historia: una auténtica loa de ese extraño objeto transmisor de contenido que en los últimos tiempos, de forma paulatina, se ve relegado por su disípulo electrónico en la pervivencia de las letras (o no). Desde nuestro espacio electrónico, pues, damos difusión a algunos de los fragmentos del mismo, al tiempo que invitamos a conocer más sobre el mismo gracias a la entrada que le dedica Manuel Pérez Rodíguez-Aragón en el blog de la BNE.

[Fuente: BNE]

Philobiblion

Cap I Alabanza de la sabiduría y de los libros en las cuales esta reside 

[…]

En los libros veo a los muertos como si fuesen vivos; en los libros preveo el porvenir; en los libros se reglamentan las cosas de la guerra y surgen los derechos de la paz. Todo se corrompe y destruye con el tiempo […] toda la gloria del mundo se desvanecería en el olvido si, como remedio, no hubiese dado Dios a los mortales el libro.

[…]

Cap. II. De cómo los libros deben ser preferidos a las riquezas y a los placeres

[…]

Las riquezas, de cualquier especie que sean, están por debajo de los libros, incluso la clase de riqueza más estimable: la constituida por los amigos, como lo confirma Boecio en su II libro de De Consolatione […] Una biblioteca repleta de sabiduría es más preciada que todas las riquezas, y nada, por muy apetecible que sea, puede comparársele.

[…]

Cap. XV. De los múltiples resultados de la ciencia contenida en los libros

[…]

Una persona no estimará al mismo tiempo la moneda y los libros: tus discípulos, Epicuro, persiguen los libros. Los financieros rehúsan la compañía de los bibliófilos, porque no pueden convivir juntos: nadie puede servir a la vez a Mammón y a los libros […] Los libros nos encuentran cuando la prosperidad nos sonríe, y nos consuelan cuando nos amenaza una mala racha; dan fuerza a las convicciones humanas y sin ellos no se pronuncian los juicios más graves […]. Séneca, en su Epístola LXXXIV […] nos enseña que la ociosidad sin libros es la muerte y sepultura del hombre vivo. Por ello concluiremos afirmando que los libros y las letras constituyen el nervio de la vida […] Si nos encontramos encadenados en una prisión, privados completamente de libertad, nos servimos de los libros como embajadores cerca de nuestros amigos […] Por los libros nos acordamos del pasado, profetizamos hasta cierto punto el porvenir y fijamos, por el hecho de la escritura, las cosas presentes que circulan y desaparecen.

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Acerca de framosagudo

Docente y discente interesado en la investigación y didáctica de la lengua y la literatura. Más en: http://www.linkedin.com/pub/francisco-ramos-agudo/6b/192/b63
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